"Zaba'na cabe xcuananashi'nu,
zuchu'cabe ca' yaga bandaga sti'nu,
zusaqui'cabe ca' birúngu sti'nu,
nabé' pe qui ziuu dxi, zasha'cabe xquenda'nu"
"Nos robarán nuestros frutos,
nos cortarán nuestras ramas,
quemarán nuestros troncos,
pero nunca arrancarán nuestras raíces."
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Hace casi dos centurias, el águila brotó de las entrañas de la Tierra, y alzó el vuelo hacia la cima del monte, retando a quienes la habían hundido en la oscuridad.
Hace casi dos centurias, la Virgen de la piel de cobre luchó contra su doble: la Virgen de la piel color de cal.
Hace casi dos centurias, el pueblo pinchó sus venas con balas y machetes, y ofrendó su sangre ante los altares de la Patria, por elevar un Sol oculto durante 300 años, y el líquido de grana bañó las milpas y desembocó en los mares durante 11 años más.
Y fue hace casi dos siglos, que las madres, hermanas y esposas lloraron lágrimas de pólvora, y la tierra se bañó en humo y muerte.
Y en ese tiempo, los criollos dieron la espalda a sus abuelos y padres, y con las ballonetas de plata mutilaron a sus ancestros, dirigiendo la ofrenda de sangre y lágrimas para maldecir a la voraz España, la del otro lado de las grandes aguas, la madre de oscurantismo, invadida también por su ambiciosa vecina, y así quitarle la luz del astro de oro que ilumina a nuestros caminos, arrebatarle las aguas de turquesa que bañan nuestras milpas, y despojarla de los campos de jade siempre verde.
Once años pasaron en ofrendarse corazones, once años para que la sangre del pueblo corriera por las 4 direcciones, y en que las mujeres lloraran lágrimas de elíxir de la muerte. Y al fin el águila alcanzó la cima del monte, la Virgen de la tilma de rosas pisó el estandarte de la Virgen de los Remedios, y el Sol alimentado de la sangre de los caídos volvió victorioso de las tinieblas de 300 años.
Pero sucedió que el Sol se opacó nuevamente, sucedió que el águila dorada fue flechada por el dardo de la miseria, volviéndola a hundir en el fango y la podredumbre, y aconteció que la Virgen del manto de malaquita fue prostituida en los santuarios, sometida a un culto fanático e hipócrita, y los nuevos dirigentes de la tierra del ombligo de la luna, contaminaron los altares de la Patria con el aceite negro de la corrupción y la deshonra.
Y es ahora que nos reunimos ante el manto del águila dorada, para recordar el vuelo de once años que emprendió para llegar a la cumbre de la montaña, hace dos ataduras de 100 años; y es ahora cuando pretendemos olvidar que desde hace dos siglos está sumida bajo las tinieblas.
¿Cómo es que nos atrevemos a honrar el sacrificio del pueblo sucedido hace dos siglos, olvidando al águila aun enterrada bajo cenizas?,¿cómo es que fingimos nuestro orgullo por la tierra del Sol, cuando sólo lo vemos brotar bajo la forma de las acciones más penosas, y en situaciones tan pueriles y carentes de sentido y forma como un partido de futbol?,¿es que se sienten orgullosos de perderse en las cantinas cada año?, ¿es que nos sentimos patriotas al engullir los alimentos con gula desmedida para luego reventar ante el altar del águila dorada?, ¿cómo es que tenemos el descaro de celebrar cuando la lengua que utilizamos es ultrajada por lenguas que no son nuestras?, ¿no nos da vergüenza celebrar cuando para no ser engañados por los que viven en las naciones que ingieren aceite azabache, tenemos que aprender a hablar lenguas que no son nuestras, lenguas que simulan los gritos de las aves carroñeras, olvidando las antiguas lenguas de los hombres de maíz?, ¿cómo vamos a celebrar cuando nuestras tradiciones son golpeadas por aquellas de los países de habla extraña, por esas tradiciones opacas y sin vida?, ¿celebramos independencia cuando los caciques de tierras lejanas nos controlan y nos carcomen las entrañas en su beneficio?,¿a todo esto y a más aberraciones y abusos que no he mencionado, le llaman libertad?
Cuando el firmamento extiende su ayate de maíces tostados y el gran disco de plata de los mil rostros se coloca en la mitad del cielo, me llegan sueños terribles, sueños en donde veo la agonía de nuestro pueblo: veo como los que están a la cabeza venden las entrañas de nuestra tierra a los que moran fuera de nuestras fronteras; veo como los hijos de la Patria avasallada caminan el sendero de la muerte, en busca de un sueño que no existe, a las regiones donde se habla la lengua del chillido de fierro oxidado, y veo como persiguiéndo ese sueño son devorados por el río, por el desierto o por las balas de los hombres-buitre que acechan en la línea. Veo como los que dirigen el rumbo de nuestro pueblo se hunden en la depravación y en el vicio dentro de sus palacios, y su rapiña y perversión hacen que Sodoma y Gomorra sean ciudades santas comparándolas con ellos, mientras el pueblo muere de hambre en casas de cartón, cuando es que tiene casa.Y veo que sin importar el color de la piel los comunes somos explotados: los de piel de color sal, los de piel color cobre, los de piel de ébano danzamos a un mismo son, arrastrados por el espiral de miseria y explotación.
Y veo que en un futuro cercano nuestra lengua será muerta, al igual que las lenguas de los pueblos de la carne de maíz, y veo como son obligados a vivir en casas móviles o en reservaciones. Y me deprimo al imaginar a nuestro territorio lastimado, completamente descuartizado y unido a la infame nación del norte, la nación del tigre de papel, con colmillos atómicos. Y me da asco al ver en mis sueños de perdición como algunos lanzan flores a los ejércitos enemigos cuando asesinan a nuestras familias y destruyen los santuarios de oro y maderas preciosas, cuando desmantelan los testimonios de piedra de los hombres de maíz, y me retuerzo al verlos adorar al enemigo bajo un éxtasis demoniaco, repleto de actos abominables.
Y despierto y me sumo en la más grande tristeza, pues se acercan las fiestas en donde los hipócritas vendepatrias que ofician las ceremonias fingen honrar al águila, haciéndonos creer que se encuentra en pleno vuelo, ensuciando la campana del sacrificio de hace dos centurias.
Ahora están ustedes aquí reunidos, muchos aburridos, otros insultados, y a los que están cansados de oírme o de soportarme les pido me perdonen, por lo que he dicho y por lo que seguiré diciendo. Pero sé que hay otros que tienen los mismos sueños funestos cuando la noche cubre a la tierra, que esos quieren una patria nueva, que ansían resucitar al águila sepultada en fango, alimentarla para que vuelva a elevarse a las montañas de la tierra del ombigo de la Luna. Y en ellos yo percibo el valor del jaguar, en ellos he escuchado el canto del quetzal y en sus ojos brilla la luz plateada de las espadas.
Que en este día sus sueños dejen de ser proclamadores de muerte, que esa luz jamás desaparezca, que el amor por la patria jamás se aparte de sus almas, y que sea la patria la flor de sus pensamientos, que el miedo a morir por ella jamás invada su corazón, para que los dardos luminosos de la verdadera independencia rasgue la sábana de nubes oscuras que han envuelto nuestra historia, para que el cielo nos sea revelado, y que su azul dure eternamente, que no sea un destello más que se cuela en las tinieblas, emitiendo tan sólo un brillo efímero.
Ahora es preciso que el valor del tigre sea revelado, es justo ahora cuando las voces de los quetzales que yo he escuchado en muchos de ustedes se eleven al cielo y se unan en coro, es preciso que las espadas de luna que reflejan sus pupilas sean empuñadas para batirse con los hijos de Gomorra, ¡que truene de nuevo el rugir de la batalla!
Que se haga un nuevo sacrificio, que se esfuercen los guerreros de la patria, los hijos del Sol. Que se vuelva a escuchar el tintineo de los cascabeles de oro en las palabras milenarias. Que los gusanos de Babilonia la pecadora, no sean admitidos en la región de los descarnados, que vaguen para siempre en un camino de tormentos. Que nuestro sol brille y regrese victorioso una vez más. Y que las danzas de júbilo de nuestra tradición se lleven a cabo en un trance que nos redima.
Y después de esto, compañeros, tengan presente esto, que jamás sea olvidado:
¿Quién podrá manchar de nuevo nuestro cielo si su pueblo lo protege? ¿quién podría fundir la tiara de la patria?
¡Que con nuestras armas, que con nuestros corazones exista la gloria de nuestro pueblo!
¡La nueva nación subsistirá y sus alas no dejarán de batir!